Wednesday, August 06, 2008

Mi Top Ten (Parte II)




Nevermind – Nirvana
Geffen 1991

Fue en la tarde del viernes 8 de abril de 1994 que me enteré que Kurt Cobain había muerto. Estaba almorzando con mis primos cuando un reporte de ATV Noticias informó que el cuerpo del líder de Nirvana había sido encontrado sin vida dentro de su casa. Se había volado los sesos de un disparo, luego de batallar con la fama, Courtney Love y la heroína.

Por ese entonces yo estaba bien metido en el metal y el glam rock, así que Nirvana no estaba dentro de las bandas que me rompían la cabeza. Sin embargo, la invasión de su música en todos lados tras la muerte de Cobain me animó a darle una oportunidad al trío de Seattle. Obviamente, Nevermind fue el disco que más rápido conseguí.

He escuchado, leído y visto cien mil cosas sobre este álbum. Hay gente que lo ensalza hasta la divinidad y otros que lo critican porque “cambió la historia de la música siendo una obra que aportó poco” (¿?). Para mí, “Nevermind” significó una apertura de mente, la introducción a un mundo distinto del rock en momentos en los que creía que lo único que existía eran las cinco bandas que escuchaba todo el día.

Debo decir que gracias a “Nevermind” mis gustos musicales comenzaron a abrirse. Dejé de lado mi fanatismo sectario y abrí mis oídos a propuestas de otros géneros, no necesariamente rockeros. Quién sabe qué tendrán esas 12 canciones o cuál será la energía que Kurt imprimió en ese disco, lo cierto es que para mí es muy especial y nunca me canso de escucharlo, pese a que mi cinta de El Virrey ya está casi borrada.




Appetite for Destruction – Guns N’Roses
Geffen 1987

Debe haber sido en alguno de mis cumpleaños que mi mamá me regaló este casete. Fue la edición nacional sacada por El Virrey que aún conservo como una reliquia llena de muchos recuerdos. Y es que eso es lo que significa este álbum para mí: un cofre repleto de memorias de adolescencia, época escolar, primeros amores, borracheras de antología y el inicio de un fanatismo sin límites que terminó en el hartazgo.

“Appetite for Destruction” es un discazo por donde se le mire. Tiene hits radiables, que servían de fondo para las fiestas escolares o quinceañeros (“Sweet Child O' Mine”, “Welcome To The Jungle”, “Paradise City”), y también aquellas “canciones duras” que ponía con mis amigos para aparentar ser los “chicos malos del barrio” con las chicas (“It's So Easy”, “Nightrain”, “My Michelle”).

Es un disco redondo, porque le gustaba a todo el mundo. A los rockeros, por obvias razones (la guitarra de Slash y la voz de Axl son algo de lo mejor que la música ha dado en muchos años); a los no tan rockeros, esos que sólo buscan baile; y a la chicas, que morían por ese salvajismo y sensualidad que transmitían los Guns N’Roses en aquellos años y que ninguna banda (sorry, amigos) ha vuelto a transmitir desde entonces. Ni siquiera los emos mejor maquillados.

A partir de este álbum los Guns N’Roses se convirtieron en mi banda insignia. Me olvidé de todo lo demás. En mi cabeza sólo existían Axl, Slash, Duff, Izzy y Matt. Me volví un fanático patológico. Pasaba todo el día escuchándolos, volteando los casetes de lado en lado, consiguiendo rarezas con otros fans, comprando polos carísimos en Phantom de Diagonal y en Galerías Brasil.

Hasta que un día desperté y no los soporté más, regalé todo lo que tenía, me deshice de verdaderas joyas de colección que, a decir verdad, no echo de menos. La culpa la tiene Nirvana. Gracias, Kurt. Los GN’R están bien, suenan mejor con el paso de los años (en los discos viejos, obvio), ahora los recuerdo con nostalgia, pero no volvería a comprarme un CD de ellos. Aún sigo buscando la razón de ese divorcio radical.




Thriller – Michael Jackson
Epic 1982

Conocí a Michael Jackson a través de la televisión. Sus videos, de factura cinematográfica, me partieron el cerebro a mis tiernos 5 años. Obviamente, pedí el disco de inmediato, que se convirtió, digámoslo así, como “el primer álbum de rock” que tuve en mi vida. Obviamente que lo de Jacko es el pop, pero, sin duda, este disco me mostró que había vida más allá de toda la onda infantil que invadía mi tocadiscos de ese entonces.

Pero, a diferencia de muchos, yo me pegué con las canciones menos conocidas del long play (aunque de sus 9 canciones, 7 fueron singles): “Wanna Be Startin' Somethin'” (tema que abre el disco y que termina con un coro genial entre Michael y un grupo vocal femenino), la balada “Human Nature” y la cálida “P.Y.T. (Pretty Young Thing)”.

De las “famosas” me quedo, en primer lugar, con “The Girl Is Mine”, tema a medio tiempo que Jackson grabó con Paul McCartney, cuando su amistad iba más allá de los negocios. Y, obviamente, “Beat It” por ese increíble solo de guitarra de Van Halen, quien, aseguran, no cobró ni un solo dólar por grabar en el disco, emocionado hasta las lágrimas porque Quincy Jones, legendario productor del LP, lo convocó para la grabación.

“Thriller” es una genialidad, una insuperable obra maestra, que recién digerí con el paso de los años, pero que en 1982 sólo era música, baile y risas. Debe ser por eso que este disco es de los que más quiero en mi colección. Aún conservo mi viejo vinilo con la foto de Michael recostado en el piso con su caso blanco, también poseo la edición especial en CD por su 20 aniversario. Gracias, vieja, por comprármelo.

Nada Personal – Soda Stereo
Columbia 1986

Diciembre de 1986, lo recuerdo clarísimo. Mi mamá me regaló los dos primeros discos de Soda Stereo en esas navidades. La banda estaba en todos lados, era dueña de las radios, la televisión, los diarios. Todos hablaban de “la trilogía del rock”. De hecho, creo que me sumé a la moda porque Gustavo, Zeta y Charly estaban hasta en la sopa y era inevitable no saber del grupo que todos los jóvenes (incluso niños como yo) escuchaban en esa época.

“Nada Personal” es un disco adelantado a su tiempo. Fue sorprendente ver y escuchar el gran cambio que Soda Stereo realizó desde su debut, meses antes, hasta este trabajo que el propio Gustavo Cerati describió como una venganza al sonido “light” del homónimo primer vinilo. No sólo el trío sonaba renovado, me atrevo a decir que sus músicos reinventaron la banda y plasmaron lo que realmente querían hacer desde un comienzo.

Soda cambió de look, de sonido, de logo, de propuesta escénica. Dio un paso adelante y, tiempo después, se adueñó de Latinoamérica. El álbum suena poderoso en cualquiera de los formatos que fue editado (LP, casete, CD, CD remasterizado), pese a que su proceso de grabación fue una tortura y el trío tuvo que inventar muchos mecanismos para que lo que brotara por los parlantes del tocadiscos sea igual al sonido que transmitían en vivo.

“Si no fuera por…”, “Juego de seducción”, “Imágenes retro”, “Ecos” y “Danza rota”, son mis canciones favoritas de “Nada personal”, un disco que he escuchado tantas veces como he pronunciado el nombre de Soda Stereo en mi vida. Y como plus debo decir que todo buen fan de Soda, ver el video de la presentación del disco en el Estadio Obras en los ochenta era una experiencia más que orgásmica, sobre todo si tu televisor era en blanco y negro y con un solo parlante. No importaba, el stereo seguía latente.

Strange Days – The Doors
Elektra 1967

Una vez alguien me dijo que The Doors no aportó nada al rock y que Jim Morrison no fue más que un bufón que murió víctima de sus payasadas. Seguramente esa persona jamás escuchó “Strange Days”, el segundo disco del cuarteto de Los Ángeles, y mi favorito en su discografía, en el que la banda avanzó apresuradamente a una madurez alucinante y pulió ese sonido salvaje que le dio fama con su debut.

“Moonlight Drive”, “Love Me Two Times” y “When The Music's Over”, muestran a los Doors en su mejor momento musical y a Morrison con una lucidez inédita a la hora de interpretar hasta las canciones más malditas del disco. La banda conjuga perfectamente su estilo musical y hace suyo el rock, blues y los poemas-baladas que Jim presenta a Ray, Robbie y John, como “My Eyes Have Seen You” y “I Can't See Your Face In My Mind”.

El ensamble musical llega a momentos de éxtasis, como en los once minutos de “When The Music's Over”, el tema que cierra el disco, una canción que, de lejos, representa la esencia de los Doors, banda surgida de las canteras del blues y la improvisación, algo que, como bien demuestra en esta canción, fue inevitable dejar hasta en el propio estudio de grabación.

“People Are Strange”, “Strange Days” y “Horse Latitudes” completan las joyas de este disco, muchas veces dejado de lado por la importancia y reputación que a lo largo de los años ha ganado el primer long play del grupo, o por “L.A. Woman”, el último registro discográfico de Morrison junto a los Doors, una banda que conocí gracias a la película de Oliver Stone y a la que recuerdo como el cuarteto más original que Estados unidos parió en los sesenta, y que a diferencia de lo que me dijo aquel ingrato amigo, hizo más de lo que él imagina en la historia de la música.

Bonus tracks (o los que se quedaron por poquito):

Aladdin Sane - David Bowie
Powerslave – Iron Maiden
Post - Björk
Fabulosos Calavera – Los Fabulosos Cadillacs
Songs Of Faith And Devotion – Depeche Mode
Dark Side Of The Moon – Pink Floyd
La Voz - Héctor Lavoe
Traveling Whitout Moving – Jamiroquai
Imagine – John Lennon
E.T. – John Williams
Mar – Leo García
…And Justice For All – Metallica

Sunday, June 29, 2008

Mi Top Ten (Parte I)

Dynamo - Soda Stereo
Sony Music Argentina - 1992
Gustavo Cerati dijo una vez, comparando a los Beatles con Soda Stereo, que “si ‘Dynamo’ es ‘Revolver’, entonces ‘Sueño Stereo’ es ‘Abbey Road’”. Aunque pretensioso, el argentino tenía algo de razón. Con “Dynamo”, el noveno álbum en la trayectoria de su banda, el trío dio un cambio radical en todo sentido –como hicieron los fab four en su época- presentando una propuesta estética inédita en la Latinoamérica de ese entonces, con un sonido de vanguardia que transformó a aquellos músicos que se hicieron conocidos con pegajosos hits para convertirlos en verdaderos íconos de culto de los nuevos rockeros. Soda Stereo en ese entonces había logrado trascender para convertirse en influencia.

“Dynamo” es mi disco favorito por varios factores. Nunca (ni antes ni después) Soda Stereo volvió a sonar como en ese disco, la propuesta fue tan compleja que hasta las radios, hasta entonces aliadas incondicionales de Gustavo, Charly y Zeta, sólo decidieron programar los hits del disco (“Primavera 0” y “Fue”), dejando de lado la verdadera esencia del CD, que para mí tiene sus puntos más altos en “Toma la Ruta”, “En Remolinos” (mi canción favorita de todos los tiempos), “Luna Roja” y “Nuestra Fe”, piezas claves para develar que Soda había crecido de una forma sorprendente en menos de 10 años de carrera.

“Dynamo” fue el primer CD (Made In Argentina, los más cotizados en los noventa) que me compré de Soda. Aún era un universitario en ese tiempo y tuve que pagarlo en partes para poder llevármelo a mi casa después de varias semanas de ahorro. Ahora es una pieza valiosa en mi colección, especialmente porque lo tengo firmado por Zeta Bosio y Tweety González, bajista y tecladista de la banda, respectivamente. Nunca me canso de escucharlo. Poseo las versiones en casete (peruano y argentino) y CD (primera edición, Mini Vinyl Edition y Edición Remasterizada 2007).



Abbey Road – The Beatles
EMI / APPLE – 1969
Los Beatles grabaron este disco sabiendo que su aventura llegaba al final. Debe ser por eso que suena tan melancólico por momentos, alegre por otros y visceral en instantes. Hay sentimientos encontrados: amor, pena, frustración y, cómo no, agonía. Quizás “Abbey Road” no sea tan variado como el Álbum Blanco o tan elogiado como el “Sgt. Pepper's”, pero posee canciones que, por los menos a mí, me convencieron que era el mejor que hicieron John, Paul, George y Ringo; comenzando por ese medley de 16 minutos, que se incluía en el Lado B del disco, que siempre me pone la carne de gallina.

Recuerdo que fue mi amigo Rodrigo Ráez el que me prestó el “Abbey Road” (en un casete de Iempsa) allá por 1998. La primera canción que me partió la cabeza fue “I Want You (She's So Heavy)”, quizás el tema más largo compuesto por Lennon hasta entonces, cuyos cambios de ritmo, ese bajo incomparable y el “yeeeaahhhh” fueron el gancho para seguir escuchándolo. Luego fue “Here Comes The Sun”, de Harrison, la que me atrapó.

De hecho lo más impresionante de “Abbey Road”, como lo dije líneas arriba, es el medley de 16 minutos que cierra el álbum. El clímax es tan grande que es muy difícil no quebrarse escuchando alguna de sus partes. “You Never Give Me Your Money”, “She Came in Through the Bathroom Window”, la fabulosa “Golden Slumbers” y “The End”, que contiene una frase para coronar la despedida de los más grandes: “And in the end, the love you take is equal to the love you make” (“En el final, el amor que te llevas es igual al amor que entregas”). “Abbey Road” significa tanto para mí que elegí “Because”, esa bellísima canción de amor, para el tema de cierre de mi boda. Creo que mejor explicación no existe.



Led Zeppelin I – Led Zeppelin
Atlantic 1969
Lo primero que recuerdo de este disco es el sonido de la batería de John Bonham en “Good Times, Bad Times”, el tema que abre el LP, no podía creer que eso había sido grabado en 1969. Lo segundo fue “You Shook Me”, un cover de Willie Dixon, en donde descubrí la segunda arma de LedZep: la voz de Robert Plant. Pero fue con “Dazed and Confused” que conocí la verdadera esencia del cuarteto inglés: la guitarra de Jimmy Page.

Con este disco me volví seguidor de Led Zeppelin y creo que es uno de los pocos álbumes que poseo que nunca me aburre, porque todas la canciones son buenas. Por ejemplo, hace un tiempo me enganché con “I Can't Quit You Baby” y ahora ando prendido de “How Many More Times”, un tema en donde Page demuestra por qué es uno de los mejores (sino el mejor) guitarristas del mundo.

Led Zeppelin I fue un debut increíble y muy adelantado a su tiempo en el tema de grabación y producción (de ahí el “sonido moderno” del que hablo más arriba). Sin duda, cada vez que lo escucho sigo creyendo que jamás volverá a existir una banda como Led Zeppelin o un grupo de rock que irradie esa fuerza en cada una de sus canciones, especialmente en un primer disco. LZI es una delicia para los audiófilos, si lo escuchas en vinilo puedes encontrar diversas capas sonoras, líneas de guitarra o bajo que son poco perceptibles en el CD (menos en el mp3). Ya lo pediré para Navidad.



Grace – Jeff Buckley
Columbia 1994
Hace dos años atrás no sabía quién diablos era Jeff Buckley, hasta que un día encontré este disco recomendado como “Masterpiece” (obra maestra) en un blog donde acostumbraba bajar música. A primera escucha el CD me gustó, debe haber sido la voz o la guitarra del autor, no lo recuerdo bien. Pero fue después de leer su historia que me interesé más por descubrirlo y le presté más atención.

Buckley es único. Su lírica es profunda y lacerante. Su música tiene mucha influencia setentera, pero posee el sonido noventero de Estados Unidos. Jeff no sólo canta con un timbre vocal excepcional (de al menos cuatro octavas y media) sino que también toca la guitarra como los dioses, como en el arpegio introductorio de “Grace” o el violento punteo de “Mojo Pin”, el track que abre el disco.

Una de las principales influencias de Jeff Buckley fue el gran Leonard Cohen, por eso en “Grace” grabó una versión excepcional de “Hallelujah”, un tema que el mismo autor ha reconocido como mejor que el suyo, y que ha sido utilizado para musicalizar varios programas de televisión, películas y series en EEUU.

Mientras promocionaba “Grace” y grababa su segundo álbum de estudio, Jeff murió extrañamente cuando nadaba en el río Wolf, en Memphis (Tennessee). Muchas versiones se han tejido sobre su muerte, incluso que se habría suicidado debido a un desorden bipolar. Luego de su partida, Buckley se convirtió en leyenda y “Grace” tuvo más publicidad, siendo aclamado por Thom Yorke (Radiohead), Matthew Bellamy (Muse), Chris Cornell (Soundgarden), Jimmy Page, Robert Plant, Paul McCartney y Bob Dylan.



Exodus - Bob Marley
Island 1977
La primera vez que escuché este disco fue por pura coincidencia. Estaba en el Cusco cubriendo el Festival de la Cerveza Cusqueña y decidí refugiarme en la sala de prensa ahuyentado por el pobre cartel que se lucía en el escenario (que cada año fue de mal en peor). Con una chela heladita en la mano prendí una de las computadoras de esa oficina y entre las sorpresas que me depararía estaban todas las canciones del “Exodus”, como si alguien las hubiera dejado ahí para ser descubiertas y disfrutadas.

Hasta ahora recuerdo el efecto que significó escuchar “Three Little Birds” por primera vez (“this is my message to you-ou-ou”), no podía creer lo que Marley podía generar con “esa música de un mismo compás”, como decían sus críticos. Sí pues, parece que suena igual, pero no es así. Con “The Heathen” me di cuenta que, en efecto, es un mismo ritmo, pero es la magia de Bob la que lo convierte en algo más allá que un estilo musical.

Protesta, mensajes de reflexión y canciones de amor, como “Waiting In Vain” (“I dont wanna wait in vain for your love. From the very first time I rest my eyes on you, girl”), encierran este disco, que en 1999 fue designado nada menos que como Mejor Álbum del Siglo XX por la revista Time. Para los menos informados, “Exodus” también tiene el megahit “One Love/People Get Ready”, favorito de las emisoras locales.

Cuando terminé de escuchar el disco, al que le di varias vueltas en esa PC cusqueña, el mencionado festival ya había terminado, mis coleguitas estaban ebrios y yo había descubierto al rey de Jamaica. Gracias Cusco, por eso no me canso ni me cansaré de visitarte.

Friday, June 20, 2008

Bajista de Soda, Zeta Bosio, regresa a Lima como DJ

Luego de paralizar Lima con dos majestuosos conciertos en el Estadio Nacional, el 8 y 9 de diciembre pasados, el bajista de Soda Stereo, Zeta Bosio, volverá a nuestra ciudad para presentar su faceta de DJ, el miércoles 20 de agosto en la Discoteca Aura de Miraflores, dentro de una gira denominada “Live Sessions”, que lo ha paseado por varias ciudades de Latinoamérica y Estados Unidos.

En esta ocasión, el DJ Zeta Bosio pondrá su música favorita, armará sets de dance y dará a conocer las nuevas tendencias musicales que viene escuchando, en una performance que ha logrado muy buenas críticas por las plazas en las que ha pasado, debido a su estilo de combinar sonidos y ritmos, con los que convoca masas de fanáticos en los centros nocturnos en los que pincha discos.

"Soda Stereo es algo que ahora sí existe"

Actualmente en Puerto Rico, a donde viajó para participar en un clínica musical, Bosio se refirió al pasado reencuentro de Soda Stereo, que dejó abierta la posibilidad a que la banda grabe un nuevo disco en el futuro. "Nos quedamos en muy buenas relaciones y lo más lindo fue que terminamos comprendiéndonos y aceptándonos nuevamente y eso es una linda realidad. Eso me hace sentir como que Soda, si bien no está tocando, es algo que existe ahora", dijo el músico.

Asimismo, Zeta lamentó que el tour “Me verás volver” no haya podido pasar por todos los países de Latinoamérica, debido a que sus fechas eran limitadas. "No podíamos ir a todos los países que hubiéramos querido, pero hicimos algo muy lindo que fue revivir las canciones, la magia que el grupo generaba como espectáculo. Aunque estuvimos 10 años sin tocar, la banda tenía un sonido fresco, actual", expresó el bajista.

Escuchen "Camaleón", el único tema de Soda Stereo en donde Gustavo Cerati y Zeta Bosio cambian de roles, es decir, el primero toca el bajo y, el segundo, la guitarra. ¡Histórico!

Monday, June 16, 2008

"La sangre es amarilla, déjate caer"

Hace años que escucho a Los Tres de Chile, pero es en estos últimas semanas que he redescubierto su música a tal nivel que me he vuelto fanático de ellos. El culpable de todo esto es el álbum “La Espada & La Pared”, quizás el mejor disco de su carrera, cuyo sonido remite al rock clásico, rockabilly y al folclore chileno. Pero son las letras de Álvaro Henríquez (guitarrista y cantante del grupo) las que se llevan el premio mayor.

Editado en 1995, uno de los últimos años de gloria del rock latinoamericano, el CD trae joyas como "Déjate caer" y "Tírate", que luego Café Tacuba grabaría para el EP "Vale Callampa", un tributo de los mexicanos a la banda chilena; pero, además, hay piezas magníficas como "Hojas de Té", "La Espada & la Pared" y la confesional "Te Desheredo", una verdadera poesía de desamor.

Este disco me obligó a saber más de la banda, así que busqué “Fome” y “MTV Unplugged”, otro par de joyas que ahorita están en mi lista de favoritos de mi iPod. Si te gusta el rock, las letras con onda y quieres descubrir que Chile es más que Los Prisioneros y La Ley, pues bájate (o compra) el disco para que conozcas un universo nuevo.

Acá una muestra de esta belleza:



Les dejo el link para descargarlo, cortesía de El Blog del Silencio.
http://rapidshare.com/files/37685335/1995_-_los_tres__la_espada___la_pared_.rar

Saturday, June 14, 2008

"¡Megadeth, Perú es Megadeth!"

Dave Mustaine es un soldado, su guitarra un rifle, y sus músicos de apoyo en Megadeth un pelotón que disparó ráfagas de incombustible heavy metal en los 90 minutos exactos que duró el primer concierto que la banda estadounidense realizó en nuestro país, un capítulo memorable para los fans del cuarteto y para todos aquellos que fuimos testigos de la sorprendente entrega del combo en el escenario.

Desde el arranque, con “Sleepwalker”, supimos que Mustaine no iba con rodeos, que lo que estábamos a punto de presenciar era algo comparado con una potente descarga eléctrica, un rayo, acaso un mazazo de riffs y machacantes baterías, que conforman el soundtrack de vida de más de 5 mil fanáticos que aullaron y gritaron con los himnos de Megadeth, banda pilar en la historia del metal mundial.

“El colorao” Dave Mustaine sabe que los peruanos queríamos verlo hace varios años, así que el set list del show fue condescendiente con aquellos que buscábamos “los éxitos” de su banda. Así, comenzaron a desfilar “Wake up dead”, “Take no prisoners” y la celebrada “Skin o' my teeth”, para dar paso a un tema de su nuevo álbum, “Washington is next”.

“¡Mustaine, Mustaine, Mustaine!”, la gente gritaba hambrienta, sedienta de más punteos vertiginosos, de solos delirantes provenientes de su ahora famosa guitarra Dean. Dave, afanoso con los suyos, y masticando un “muchas gracias” en jocoso español, respondió con “Kick the chair”, la alucinante “In my darkest hour” y la brutal “Hangar 18”, fue entonces que el Monumental se vino abajo por primera vez.

Con un telón con el logo de la banda, algunas cuantas luces y, eso sí, una buena cantidad de amplificadores Marshall, la banda siguió con su recorrido. La no tan conocida “Gears of war” dio paso a un clásico de Megadeth, “A tout le monde”, que bajó la temperatura para luego subirla al cien por ciento con “Tornado of souls”.

Y si los argentinos patentaron el corillo de “aguante, Megadeth” en “Symphony of destruction”, los peruanos no se quedaron atrás y cambiaron el estribillo con “Perú es Megadeth” que Mustaine celebró con un “OK, wow”. Para esto la fiesta estaba por terminar: “Sweating bullets”, “Trust” (con sus clásicas partes en español), “She Wolf”, “Peace sells” y el sello de “Holy wars” cerraron la hora y media de metal y finalizaron el primer encuentro de Megadeth con el Perú, que no será el último, ya que la banda prometió volver muy pronto. A esperarlos de nuevo.

Saturday, May 05, 2007

Qué hacer si te encuentras a Santaolalla en el baño


Qué harías si vas al baño, te encuentras a Diego Torres meando a tu lado y éste te presenta a Gustavo Santaolalla mientras se seca las manos frente al espejo. Has como yo, cágate de risa, salúdalos como si los conocieras hace años, háblales de lo mucho que se les quiere en el Perú (¿?) y, de paso, te ganas unos porotos con los whiskys que te pueden invitar, sobre todo si te los encuentras en una discoteca plagada de estrellas dispuestas a beberse hasta el agua de los caños.

Saludo al chato argentino y pienso: “He tocado las manos de este rechucha que ha palpado hasta las entrañas de Angie Cépeda”. Acto seguido, y como no sabía qué cosa comentarle porque de su carrera no sabía ni un ápice (acababa de sacar la odiosísima canción “Color esperanza”), le pregunto sobre la actriz colombiana a quien, realmente, sí se le quiere por acá; porque, cómo no quererla con tremendísimo talento… de televisión.

Mientras me contaba que su amor seguía “tan intacto como ayer” (ajá, ¿se dieron cuenta de dónde saqué el nombre para mi disco?), el chato me dice “oshe, ché, te presento a un amigo, ¿cómo te shamás?”, me dijo en perfecto idioma gaucho, “ah, verdad, soy JC”; “OK, JC, él es Gustavo; Gustavo, acá un amigo peruano”. Sí, pues, era el mismísimo Gustavo Santaolalla, haciendo lo mismo que todos los mortales cuando suelen ir al baño en una fiesta: meando pues, tampoco sean malpensados.

Lejano estaba aún el suceso por el que ha pasado en los dos últimos años, nadie se imaginaba que, tiempo después, se iba a llevar dos premios Oscar por tremendas bandas sonoras, menos que iba a ganar una fortuna con “Mi Sangre” de Juanes o que su fusión de tango con música electrónica daría pie a todo un fenómeno de híbridos de folclore local con sonidos modernos, gracias al éxito de “Bajofondo Tango Club”.

Lo cierto es que el tipo metido en el business más bonachón que he conocido. O quizá se comportó bien porque le dije que lo admiraba desde que era niño, algo que muy pocos le habrán dicho, sobretodo si bordeas los 30. Pero era tan obvio que no podía dejar decirle que su trabajo junto a Los Prisioneros en “Corazones”, uno de mis discos favoritos de toda la vida, era, fue y será uno de los mejores de su carrera.

Al gaucho le dio patatús. Creo que le gustaba que le recordaran aquellos pasajes pasados de su carrera, “the early years”, “the old school”, “the first time”, porque, de inmediato, me comenzó a hablar como loro cómo hizo para comenzar a producir discos y a llegar a convertirse en uno de los productores más reputados y cotizados del medio; porque, como sabrán, Mr. Santaolalla sólo graba con quien quiere.
Me contó, además, que había recibido varias propuestas de algunos artistas lorchos interesados en su trabajo como productor, pero, según sus propias palabras "fueron artistas muy amables", lo que en perfecto cristiano quiere decir que le importó un carajo meterse con algún perucho. La lista de nombres, que tengo apuntadita en una vieja libreta escondida en una bóveda de un banco del Gran Caimán, bordea la media docena, y aquellos que deseen tenerla pues hablen, qué ofrecen, porque ni se imaginan quiénes le lloraron al descubridor de Molotov, Café Tacuba, Julieta Venegas, Bersuit. Ja, ilusos, no sabín que el tío sólo graba con "los grosos". Para otro día serán Pardos, Mutales, Strausses (sic), Ayllones y demás famosillos de la farándula lorcha.

Y sí, todo eso pasó dentro de un baño. Volví una hora después, con la vejiga repleta de vodka, pero ya no lo encontré más por ahí. Según me dijeron, se había ido con Dieguito a otra fiesta.

Tuesday, April 17, 2007

De llamadas, talento, roches y perdedores


Era un jueves de setiembre del 2004. Me disponía a cerrar el suplemento “Guía&Show” con mi amigo y maestro Johnny Padilla. La redacción de OJO comenzaba a ponerse interesante con ese bullicio y adrenalina propia de estas oficinas a esa hora del día, cuando recibo una bizarra llamada nada menos que desde South Beach, Miami, Florida, Estados Unidos.

“Me he enterado que nos has metido cuchillo, al igual que ese redactor mala leche de Rolling Stone que prometió ayudarnos, pero que al final sólo trapeó el piso con el nombre y trayectoria del grupo. Por eso el rock nacional no avanza, por gente como ustedes que sólo se dedica a pisotear el trabajo de los que nos sacamos la mierda haciendo productos de calidad”, me dijo una voz detrás del fono.

“¿En dónde estás, compadrito?”, le pregunté, reconociendo quién era y recordando con frescura cada una de las letras con las que dije que su último disco, de patético nombre filosofal, me había parecido una basura. “Te estoy llamando desde el lobby del teatro Jackie Gleason. Estamos a punto de entrar a los premios de MTV Latino, y sabemos que vamos a salir ganadores de nuevo, para mala suerte de ustedes, nuestros detractores que sólo quieren vernos comiendo el polvo”.

“Tranquilo, causa. A ver, qué parte de mi crítica no te gustó, todo tiene un por qué y está totalmente fundamentado”, le respondí. “Pensé que eras amigo de la banda y que nos apoyarías incondicionalmente, pero ya me di cuenta que eres parte de ese grupo que sólo nos quiere destruir y vernos fracasar, por eso este país está tan jodido, porque gente como tú que sólo se burla del esfuerzo de los que queremos hacer las cosas bien. Nos has metido un cuchillo y eso es bajo”.

El resto de la conversación, que aún me parece la más cómica, estúpida y delirante que he tenido en mi vida con un artista al que no le gustó uno de mis comentarios, porque “no se ajustaron a la realidad”, resultó siendo similar a la que varios de mis colegas, dedicados al oficio de “cronistas musicales”, tuvieron con el personaje en cuestión por haber cometido el mismo error que yo, es decir, opinar, simplemente eso.

Dios le da dientes a quien no sabe comer. Aquella noche esa banda volvió a ganar en los premios de MTV. La prensa alabó su talento inexistente, los hizo más populares, supieron tocar el cielo color panza’e rata de Lima, pero NUNCA FUERON. Porque, así seas bonito, hayas nacido con apellidos rimbombantes y tus viejos tengan un Mercedes del año en su garaje, sólo serás un tipo con suerte si no tienes talento, nunca una estrella. Jamás dejarás huella. Y nunca me cansaré de decirlo, así tenga que escribirlo con un lapicero de cuero (sic).